Catalina fue favorecida por Dios con gracias extraordinarias desde una corta edad, y tenía un gran amor hacia la oración y hacia las cosas de Dios. A los siete años, consagró su virginidad a Dios a través de un voto privado.
Ella llegó a ser Doctora de la Iglesia por sus innumerables escritos. Se hizo miembro de la Orden de los Dominicos, en donde, como escritora y predicadora, se destacó por su gran influencia en la literatura italiana y en la Iglesia católica. Fue todo un prodigio de criatura y una mistica religiosa.